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Cómo crear el hábito de leer cada día (y no dejarlo a medias)

5 min de lectura · · Equipo de MVPSocial

Mucha gente que dice «antes leía mucho» no ha dejado de querer leer; ha dejado de encontrar el momento. El trabajo, el móvil y el cansancio ocupan el hueco que antes tenía el libro, y cuando por fin te sientas a leer, la cabeza no se concentra y a las tres páginas lo dejas. Con el tiempo, el libro empezado en la mesilla se convierte en un pequeño reproche.

Recuperar la lectura no exige proponerse cincuenta libros al año. Exige resolver cuatro preguntas prácticas: cuánto leer, cuándo, qué y qué hacer cuando te atascas. En esta guía verás cómo responder a cada una para que leer deje de depender de tener una tarde libre y se convierta en algo que haces casi todos los días.

Cuánto leer: una cantidad que no dé pereza

La primera tentación es ponerse metas ambiciosas: una hora al día, un libro por semana. Funcionan mientras dura el impulso y se rompen en la primera semana complicada. Es mejor elegir una cantidad tan pequeña que no tengas excusa para saltártela, y dejar que crezca sola.

Hay dos formas de medir, y conviene escoger una:

  • Por páginas. Diez páginas al día es una buena referencia: se leen en un rato corto y, sumadas, dan para bastantes libros al año. Tiene el inconveniente de que no todas las páginas cuestan lo mismo.
  • Por tiempo. Quince minutos al día. Es más justo con los libros densos o con letra pequeña, y más fácil de encajar en la agenda.

Sea cual sea tu medida, trátala como un mínimo, no como un tope. Si un día te enganchas y sigues una hora, perfecto. Pero el día que estés agotado, cumplir el mínimo ya cuenta.

Cuándo leer: un momento fijo y una señal clara

«Leeré cuando tenga un rato» es la fórmula para no leer. Los ratos libres se los llevan las pantallas, que están siempre más a mano. Lo que funciona es atar la lectura a algo que ya haces cada día, lo que se conoce como apilar hábitos, y formularlo como una intención de implementación, en el sentido del psicólogo Peter Gollwitzer: «cuando ocurra X, leeré».

Algunos momentos que suelen funcionar:

  • En el transporte público, de camino al trabajo o a clase.
  • Con el café del desayuno o justo después de comer.
  • En la cama, antes de dormir, siempre que el libro sea en papel o en un lector de tinta electrónica, y no en el móvil.
  • En la sala de espera, si llevas siempre el libro encima o en el móvil como recurso de emergencia.

Un detalle práctico que marca mucha diferencia: el libro tiene que estar donde ocurre la señal. Si lees con el café, el libro vive junto a la cafetera; si lees en el metro, va en la mochila. Tener que ir a buscarlo es suficiente para que muchos días no lo hagas.

Qué leer: placer antes que obligación

Mientras el hábito se asienta, el libro es lo que te tiene que tirar de vuelta cada día. Por eso, al principio, elige lecturas que te apetezcan de verdad, aunque no sean las que «deberías» leer. Una novela de misterio, un ensayo sobre un tema que te apasiona, un cómic, la biografía de alguien que admiras. Todo cuenta.

Algunas pistas para elegir bien:

  • Libros de capítulos cortos para las épocas de poco tiempo; dan la sensación de avanzar y es fácil retomarlos.
  • Recomendaciones de personas con gustos parecidos a los tuyos, más que listas de «libros imprescindibles».
  • Dos libros a la vez, uno ligero y otro más exigente, para elegir según el día. Siempre habrá uno que te apetezca.

Leer en papel, en lector electrónico o escuchar audiolibros son caminos distintos y todos válidos. Si el formato te permite leer más días, ese es tu formato.

Un ejemplo: Lucía y sus veinte páginas

Lucía estudió Filología y llegó a leer casi un libro por semana. Ahora trabaja en una gestoría y tiene dos hijos pequeños; el año pasado terminó un libro. Se propuso leer veinte páginas al día antes de dormir, pero llegaba tan cansada que a la tercera página se le cerraban los ojos, y a la semana lo había dejado.

En su segundo intento cambió tres cosas. Bajó la meta a diez páginas. Movió la lectura al trayecto de tren al trabajo, veinticinco minutos en los que antes miraba las redes sociales. Y dejó a medias la novela premiada que le estaba costando para empezar una de misterio que le habían recomendado. En el tren lee mucho más de diez páginas casi siempre, y los días que va en coche lee sus diez páginas por la noche. En cuatro meses ha terminado siete libros, y ha vuelto a la novela premiada con otras ganas.

Cuando te atascas

Los atascos son normales y no significan que el hábito haya fracasado. Lo importante es reconocer de qué tipo es el tuyo:

  1. El libro no te engancha. Date un plazo razonable, por ejemplo cincuenta páginas, y si no ha mejorado, déjalo sin culpa. Abandonar un libro no es abandonar la lectura; seguir forzándote con él sí puede serlo.
  2. No tienes tiempo. Baja temporalmente al mínimo: una página, o cinco minutos. Mantener viva la costumbre importa más que la cantidad durante una racha mala.
  3. No te concentras. Deja el móvil en otra habitación o en modo avión mientras lees. Si tu cabeza sigue en otra parte, cambia a algo más ligero durante unos días.
  4. Has perdido el hilo. Después de varios días sin leer, relee las dos o tres últimas páginas antes de seguir. Si ha pasado mucho tiempo, no te importe empezar de nuevo un capítulo.

Y si pasas días sin leer, no hace falta recuperar las páginas perdidas. Vuelve al mínimo al día siguiente como si nada. En el estudio de Phillippa Lally y su equipo en el University College London (2009), un fallo suelto no impedía que el hábito se fuera formando.

Cómo te ayuda MVPSocial

En MVPSocial puedes crear un hábito como «Diez páginas en el tren» y cumplirlo subiendo una foto del libro como prueba, que aparecerá en el feed de quien te sigue y que pueden comentar para recomendarte la siguiente lectura. En Comunidad hay temas para encontrar gente que también está leyendo, y el calendario de racha te enseña cuántos días seguidos llevas sin dejar el libro.

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